Salsa guacamole de palta y mango





Salsa guacamole de aguacate y mango



Ingredientes:

2 paltas grandes
1 Tomate pequeño o en este caso varios tomates cherry
1/4 Cebolla 
Sal marina  
Pimienta 
Jugo de limón
Cilantro o Perejil
1/2 Mango

Preparación:

     Pelar las paltas y descarozar, lo mismo que al mango. Exprimir el limón. Poner todos los ingredientes en un procesador de alimentos o batidora y triturar todo bien. El jugo de limón y la sal, depende cómo les guste.

     Hay dos opciones, poner también en la batidora el tomate pelado y la cebolla, o después bien picadito. 

     El mango le da un toque particular a la salsa. Depende cómo les guste, añadir más o menos cantidad.




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Verduras gratinadas con mostaza y crotones

Verduras gratinadas con mostaza




500-600 g de verduras mixtas (yo usé broccoli, coliflor y zanahoria). 1 paquete de verdura congelada sería lo ideal.
1 gran cucharada de margarina vegetal o 2 cdas de aceite
1/2 taza de puerro picado (puede media cebolla mediana o algún ajo)
1 cda de harina
1 taza de leche vegetal sin azúcar
2 cdtas de mostaza (yo usé de Dijón)
1/2 cdta de sal
1/4 cdta de pimienta negra molida
4 rebanadas de pan
Método


Cocinar las verduras con el método indicado en el paquete, la verdad yo compré en la verdulería y las hice al vapor. Aparte derretir la margarina, echar el puerro (o cebolla, ajo) sofreír durante un minuto a fuego fuerte, bajar el fuego a medio-fuerte y agregar la harina, cocinar un minuto más y agregar leche y mostaza, revoler suavemente para incorporar todos los ingredientes, cocinar durante 3 minutos, salpimentar.
Poner en una fuente para horno las verduras, cubrir con la salsa, poner el pan tostado encima, un chorrito de aceite de oliva y meter al horno caliente durante 5 minutos. 


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A aguzar el ingenio con las ensaladas

Porque no todo es tomate, lechuga y cebolla, acá te traemos algunas opciones un poco más exóticas para que pruebes.



Una cuestión porteña
Esta es una salvedad que generalmente me gusta a hacer. Decir que los porteños bonaerenses andamos con el ingenio adormecido a la hora de hacer o aliñar ensaladas, no incluye a los argentinos en general. Son demasiadas las frutas y verduras bien conocidas, cultivadas y consumidas en el interior de nuestro país, de los que apenas hemos escuchado hablar en las costas del Río de la Plata.
El tomate, la lechuga y la cebolla, son nuestros íconos infaltables en la mesa familiar. No hace mucho que se incorporaron la radicheta, el berro, y hasta la zanahoria no hace mucho que se abrió paso para formar parte de las ensaladas.
Es época
Entrados en el verano, llega el momento de repasar el tema de las ensaladas como platos repletos de salud en su interior, que transitan los caminos de la frescura y la liviandad tan necesarios en los días en que el bochorno climático nos pone en ese ánimo como de "no tengo ganas de hacer nada". Y ese "no tengo ganas" a veces abarca las ganas de comer. Pero curiosamente es también época de alto consumo de calorías, y sobre todo de deshidratación a niveles preocupantes.
Protagonistas

Claro que las grandes protagonistas de las ensaladas son las verduras y las hortalizas, y una enorme serie de ingredientes que pueden protagonizar nuestras ensaladas que, como decía, a veces son desconocidos por buena parte de la población rioplatense. Veamos algunos ejemplos:


Espinacas. Si bien son antiguas conocidas nuestras, no solemos incorporarlas a las ensaladas en su forma fresca.  Ignoramos tanto desde su parentesco con la remolacha, como su origen en el Asia Central.
Europa las conoció en la alta Edad Media, y fue traída por los árabes, para no perder la costumbre en esto de aportar cosas al orgulloso Occidente. Su fácil cultivo, su sabor que no impregna los platos en los que participa, pronto desplazó silenciosamente a la muy utilizada acedera.

Llenas de vitaminas, como la A y de antioxidantes varios, fue a partir de ella que se conoció la existencia y virtudes del ácido fólico, que hoy compone cualquier pastilla de complejos vitamínicos.



Ortigas. 
Si, la ortiga, esa planta antipática que basta rozarla para que nos impregne la piel de histamínicos que hace que suframos de una comezón insoportable. Esa, esa planta es con la que se hacen magníficas sopas frías, pero una vez que las hayamos juntado con la debida protección, y luego la hayamos blanqueado en agua, con lo cual todos los malestares que podía producir quedan completamente neutralizados.
Repollos de Bruselas. 
Se hacen presentes en nuestras verdulerías, pero los miramos con cara de "¿y esto para qué sirve?". Desde ya que no sirven para ser comidos crudos. Tienen un amargor que los vuelve francamente desagradables para el paladar. Pero sucede todo lo contrario si los blanqueamos en agua, y mejor aún si después lo saltamos en un poco de manteca y lo usamos de acompañamiento  o directamente los comemos solos como ensalada. Una delicia infrecuente, conocida en Europa desde el siglo XV pero incorporada a los recetarios recién en el siglo XVIII.

Repollos rojo y blanco. 
Estos son bien conocidos por nosotros, si bien tendemos a preferir el blanco al rojo a la hora de elegir, lo que no es mi caso personal. Sabemos de sus virtudes formando parte de una ensalada o siendo una ensalada solo y su alma. A los que les gusta turgente, lo mejor es cortarlo en juliana y meterlo dentro del agua inmediatamente, con lo que se atemperan algunos de sus olores más intensos y no siempre agradables. Pero es sensible a "fatigarse" si lo prepara buen rato antes de la comida.
Lo que no es frecuente es que sigamos la costumbre alemana de prepararlo en chucrut y guardarlo en frascos para irlo consumiendo durante las temporadas en que su cultivo no era posible. Y digo "era" porque hoy, a buen costo, es posible conseguir determinados productos "estacionales" durante todo el año. Y recuerde: si prepara una ensalada con repollo colorado y hay un español por la vuelta, prepárese para que le elogie la preparación a la exclamación de: "qué rica está la lombarda".


Hojas de diente de león. 
Si, es esa planta que usted ve por todos lados, especialmente en los lugares de playa. Carnosa y con forma de dientes, pasa generalmente desapercibida bajo nuestros pies, siendo que ignoramos que amén de un gran alimento, es un poderoso anticancerígeno. Cuide de no arrancarla de raíz y rebrotará una y otra vez para entregarle sus hojas cada vez que desee consumirlas. Igual que otros casos, si no siente simpatía por el excesivo amargor, no se preocupe, una pasadita por agua hirviendo, que de esto se trata el blanqueo, y ya está. Hasta el hombre prehistórico lo aprovechó como alimento, así que ¡anímese!.

Las lechugas como hojas comestibles. 
Y sí, lo que se come al comer algo tan común como la lechuga, en todas sus variedades, no es otra cosa que las hojas de una planta. Y lo novedoso en el caso de la lechuga es recordar que se puede comer como sopa, al punto que tengo una receta de sopa de lechuga que probé en alguna oportunidad en que visité las islas Malvinas. Allá todo lo verde que se puede comer, ¡se come! Y si pasó un poco o se pusieron mustias las hojas: ¡sopa y a la panza!.

Pero nos llama la atención que en numerosos países se coman las hojas de parra, si bien se suelen utilizar cocidas y conteniendo distintos tipos de rellenos. En esos países es común verla prolijamente envasadas, cocidas y prontas para ser utilizadas por las amas de casa habilidosas. 

Otras como las del banano en gran parte de los países tropicales se utilizan para envolver rellenos pero no para ser comidas, como hacemos aquí con los tamales y las hojas del maíz. Es más, en países como Colombia, llaman tamal a la comida cocida envuelta en hoja de banano o plátano, si bien suele ser un tipo de banano más pequeño que el que conocemos nosotros.

Helechos. Sí, esa plantita que usted tiene de decoración en algún lugar de su casa o jardín, también es apreciada. Su consumo en Inglaterra es a partir de que el helecho comienza a rebrotar y muestra una cantidad de puntas prontas a desenrollarse. Esa punta aún enrollada es la que se come y se la conoce como "cabeza de violín", justamente por la forma.

Endivias. Estas son quizás más conocidas por los rioplatenses que en el interior de nuestro país. Cuando se quiere hablar de su origen, se suele mirar para Bélgica. Sus hojas se aprecian mejor crudas, si bien hay magníficos platos donde se ofrecen braseadas. Simplemente se sirven cortando la base de la planta, lo que "desarma" las hojas apretadas, y quedan juntos los brotes más pequeños, que se identifica como su corazón. El corazón de la endivia como el del alcaucil es la parte más disputada y apetecible para los que conocen. Los cocineros, en el caso de la endivia, suelen hacerse los tontos y comérselos en lugar de ponerlos en el plato del cliente.
Pero una endivia es una verdura "complicada". Su cultivo nace de mezquinarle la luz para que la mayor parte de sus tallos queden perfectamente blancos. Verdean cuando están a la espera de ser vendidas, generalmente. Pero sepa que su cultivo es una verdadera obra de arte botánica, de allí su costo. Si las va comer crudas, son inolvidables con un aderezo hecho a base de vinagre mezclado con miel y melisa, mostaza y bastante aceite de oliva. Y la mejor forma de comerlas crudas es con la mano.


Brotes de bambú. Ya se comienzan a ver en algunos mercados donde venden productos orientales. Es una variedad especial de las tantas que tiene el bambú. Como al palmito, se lo domestica hirviéndolo luego de cultivado, y como él no hay ensalada que no se engalane con su sabor, manteniendo incólume su turgencia.

Tintero. Obviamente que dejo el tintero lleno de posibilidades, pero anímese a explorarlas por sus propios medios. Una buena ensalada, con escamas de un buen parmesano, algunas almendras tostadas, aderezado con yogur natural, o lo que le dé la gana, son una comida completa para nuestros cuerpos malcriados que sufren con el calor apenas la temperatura pasa de 34ºC.


Invente y sea el autor de sus propias sorpresas culinarias.
 Alejandro Maglione 






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Espinaca al estofado con coco, garbanzos y limón






Al escuchar los ingredientes, probablemente esta receta te resulte algo dudosa. Pero no te desanimes y dale una oportunidad, te aseguramos que valdrá la pena. La mezcla de espinaca, leche de coco, tomates secos y garbanzos resulta en un excelente plato con tonos dulces y ácidos que se apaciguan con el sabor de los garbanzos y la espinaca. Finalmente los tomates le dan un buen toque de textura y una calidad distinta a la dulzura de la leche de coco, haciendo su sabor aún más complejo.
Con la mitad de la receta, te alcanza para un poco más de dos porciones, así que además de rica será bastante contundente. Y sería delicioso servido sobre arroz bismati para que este pueda absorber el dulce caldo de leche de coco, pero también serviría como una gran salsa para pasta, o sería magnífica sobre polenta.

Ingredientes

2 cucharaditas de aceite o grasa
1 cebolla amarilla pequeña
4 dientes de ajo agrandes, pelados y picados
1 cucharada de jengibre rallado, de un pedazo de 3 pulgadas
1/2 taza de tomates secados, cortados
1 limón grande, su ralladura y jugo (cerca de 2 cucharas de jugo)
1 ají rojo picante seco o una pizca de escamas de pimiento rojo (opcional)
1 libra de espinaca bebé
1 lata de 14 onzas de leche de coco
1 cucharadita de sal, o a gusto
1 cucharadita de jengibre molido

Preparación

1. Calienta el aceite o grasa en un gran y profundo horno holandés (horno “Dutch”) o en una cazuela grande a una temperatura media-alta. Añade la cebolla y deja cocer por 5 minutos, o hasta que la cebolla comience a ponerse café. Agrega el ajo, jengibre, tomates secos, ralladura de limón y pimiento rojo, si es que se va a usar. Deja cocer por 3 minutos, revolviendo de forma frecuente.
2. Añade los garbanzos y deja cocer a fuego fuerte por unos minutos o hasta que los garbanzos comiencen a tornarse dorados y estén cubiertos con la mezcla de cebolla y ajo.
3. Tira espinaca a la mezcla, de un puñado a la vez. Esto tomará unos 5 minutos; revuelve un puñado o dos y espera a que baje y haz espacio en la cazuela antes de añadir el siguiente puñado.
4. Cuando toda la espinaca ha sido revuelta, vierte la leche de coco y agrega la sal, el jengibre molido y el jugo de limón. Déjalo cocer a fuego lento y luego baja la temperatura y deja que se cueza por 10 minutos o hasta que los garbanzos estén lo suficientemente calientes. Pruébalos y añade más sal y jugo de limón si fuese necesario.


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Garbanzos cocidos a fuego lento en salsa masala




Este plato suena delicioso de tan solo escuchar qué ingredientes lleva –tiene tantas especias fantásticas para remojar los simples garbanzos y tomates, dándoles textura– y lo mejor de todo, es que es muy fácil de cocinar. A pesar de que requiere de varias especias, algunas de las cuales no se encuentran comúnmente en tu cocina, es un plato simple y rápido de ensamblar. Una vez reunidos los ingredientes, demoras aproximadamente tres minutos en hacerlo y el resto del tiempo se divide en una espera de 10 minutos aquí y 15 minutos allá esperando que hierva y que los sabores se mezclen en la olla.
Servidos sobre un arroz humeante, el plato presenta una fantástica mezcla de texturas. Sin mencionar la complejidad de sabores, desde jengibre pasando por el comino y llegando a la mezcla de especias (o garam masala). Esta será una de esas recetas que podrás preparar cuando lleguen invitados a tu casa y quieras que piensen que eres una gran chef con una maestría en especias. ¡No tienen por qué saber que es tan fácil!
Esta es una receta india muy simple la cual requiere de muy poco esfuerzo y cuyos resultados son bastante sabrosos. Si quieres también podrías agregar algunas espinacas o acelgas  hacia el final del proceso y tendrías una comida aún más completa. Te recomendamos servirlo con arroz Basmati, y también sabría bien con naan.
La receta es del libro de cocina At Home with Madhur Jaffrey.

Ingredientes

3 cucharadas de aceite de oliva o de canola
3/4 cucharaditas de semillas de comino entero
1 taza de cebollas picadas finamente
1 cucharadita de jengibre fresco pelado y finamente rallado
3/4 cucharaditas de cilantro molido
1/4 – 1/2 cucharaditas de pimienta de cayena
1/4 cucharadita de cúrcuma molida
1 taza de tomates finamente picados
1 cucharadita de sal
2 1/2 tazas de garbanzos cocidos y drenados
½ cucharadita de garam masala (mezcla de especias)
1 cucharadita de jugo de limón


1. Vierte el aceite en una sartén y caliéntalo a fuego medio. Cuando esté caliente, agrega las semillas de comino. Luego de 10 segundos, añade las cebollas. Revuelve y fríe hasta que las cebollas estén café en las orillas.

2. Añade el jengibre y revuelve una vez. Agrega el cilantro, cayena y cúrcuma, y revuelve una vez. Pon los tomates y revuelve por un minuto. Ahora añade 1 taza de agua y la sal. Espera a que hierva. Cúbrelo y baja el fuego de medio a lento, y déjalo cocer por 10 minutos.

3. Agrega los garbanzos. Espera que hierva. Cúbrelos, baja el fuego a lento, y déjalos cocer por 15 minutos. Añade el garam masala y jugo de limón. Revuelve y déjalo cocer a fuego lento, sin taparlo, por otros 5 minutos.

4. Sirve con arroz o con naan.



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Sandía en almíbar



1)Sandía en almíbar



recetasdecocina.



Ingredientes:

  • sandía 1
  • azúcar el doble del peso de la fruta
 Preparación:
 1- Retirar la pulpa de la sandia
2- Pelar la sandía y cortar en dados pequeños el ollejo de esta, dejar macerar todo un dia la fruta con el azúcar.
3- Llevar a fuego mínimo durante 4 horas aproximadamente, hasta que la sandía tome un color oscuro y se halla cocido completamente.Al cocimiento le puedes agregar las especias o hierbas que más te agraden, le puse menta y jengibre y quedó delicioso.
4- Guardar en heladera.


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PIMIENTOS RELLENOS CON SOJA TEXTURIZADA.









Pimientos asados y pelados

3 Tazas de soja texturizada condimentada & hidratada

1 Taza de manzanas verdes picaditas
½ Taza de pasas
½ Taza de almendras tostadas y picaditas
½ Banana hecha puré
2 Dientes de ajo, picaditos
1 Cebolla picadita mediana
2 Tomates asados, hechos puré
Hierbas de olor (cominos, orégano, etc)
Canela en polvo al gusto
Clavo de olor al gusto
Sal, pimienta, al gusto
Granada para decorar


Preparación:
Se pone a sofreír la cebolla con el ajo, las manzanas, las pasas, las almendras, la banana ,por unos minutos, luego se agrega la soja previamente hidratada, se revuelve muy bien, luego se le agrega las especies, con el jugo de los tomates asados. Se baja la llama para así dejar que se incorporen todos los ingredientes. Antes de rellenar, los pimientos se les da una freidita (opcional), luego se rellenan.


La salsa se prepara de la siguiente manera:
Nuez  dorada
Tofu suave
Ajos asados
Sal. Pimienta al gusto
Todo se pone en la licuadora, para  una libra de tofu.,   ¾ de taza de nueces y 2 dientes de ajo. 


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LECHE DE ALMENDRAS CON SEMILLAS DE CALABAZA





1 Taza de almendras, peladas, activadas (remojadas por unas horas antes, o de preferencia desde un día anterior)
1 Taza de semillas de calabaza peladas, activadas
8 Dátiles
2 Litros de agua, purificada.
Un chorrito de vainilla
Poner a remojar(activar) sus semillas de calabazas peladas, las almendras una ves remojadas les sera mas fácil, retirarle la parte café(cascarilla) de la almendra, esto hará que la leche quede mas cremosa. Todo se pone en la licuadora por un par de minutos, a que todo se muela muy bien, sírvela en frasco de vidrio y refrigera!!



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Pan plano de calabaza


500 gr de harina integral de espelta
325 gr de agua
150 gr de puré de calabaza asada
10 gr de sal
Comino, pimienta y nuez moscada
Semillas de calabaza
1-2 gr de levadura fresca (opcional)

Elaboración:



Los panes planos no necesitan levadura ni tiempos de levado pero incorporar un poco de levadura o masa madre deshidratada (como hice yo) cambiará ligeramente el sabor, si optamos por incorporarla prepararemos la masa por la noche y la guardaremos en la nevera hasta que vayamos a usarla al día siguiente.
Mezclamos la harina, el agua, el puré de calabaza y la pizca de levadura, dejamos reposar 15-20 minutos. Transcurrido este primer reposo procedemos a amasar, se trata de una masa con alta hidratación ya que aparte del agua hemos incorporado más humedad con el puré de calabaza, por lo que amasar sobre la mesa puede resultar bastante pegajoso por ello procederemos a amasar dentro del bol,  estiraremos de la masa y doblaremos sobre si misma, giramos el bol un cuarto, estiramos y plegamos, repetimos esta operación  durante un minuto más o menos, dejamos reposar la masa 5-10 minutos. Repetimos otra tanda de plegado de la masa en el bol, dejamos reposar. Otra tanda de plegados y reposo. Incorporamos la sal, las especias y las semillas y hacemos una última tanda de plegados, notaremos que la masa aunque sigue siendo muy humedad tiene una textura más lisa y homogénea. Tapamos con film de cocina y guardamos en la nevera hasta el día siguiente.
Cuando vayamos a cocinarla la sacamos del frigorífico. Ponemos el horno a precalentarse a 200º. Esparcimos harina sobre la mesa y volcamos nuestra masa sobre ella, la dividimos en 10-12 porciones, salpicamos de nuevo con un poco de  harina y boleamos (damos forma redonda)  las porciones. Damos forma a cada pan dándoles vueltas entre los dedos, con la masa levantada de la mesa para que la gravedad nos ayude a estirarlas, las vamos dejando sobre papel de hornear. Las vamos poniendo en la bandeja del horno por tandas (estará caliente porque la teníamos dentro del horno), en 10 minutos estarán listos, a mitad de cocción le damos la vuelta, según los vamos sacando los ponemos juntos dentro de un paño para que se mantengan calientes.

Si te parece mucha cantidad simplemente divide las cantidades por la mitad para obtener 5-6 panecillos planos.




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Humus de remolacha




Humus de remolacha

2 tazas de garbanzos cocidos
2 cucharadas de semillas de sésamo crudas
1 diente de ajo
1 remolacha asada
Zumo de limón (1 tercio), aceite de oliva y comino molido

Elaboración:
Tostamos las semillas de sésamo en una sartén sin aceite, en cuanto notemos su aroma las ponemos en un mortero de especias y las rompemos un poco. En la picadora o el robot de cocina ponemos los garbanzos, el ajo, el sésamo, la remolacha y el limón. Cuando esté bien fino añadimos una pizca de sal, comino al gusto y un buen chorro de aceite de oliva, le damos un vueltita más y listo.



Bocata de humus de remolacha

Chapatas individuales
Hojas de canónigos, cebolla tierna
Humus de remolacha


Abrimos los panecillos por la mitad y los tostamos, untamos una de las mitades con humus, sobre este ponemos los canónigos y terminamos con unos aros de cebolla. A comer!!!

fuente: tarjetadembarque.



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Dip de pimientos







Tosta de pimientos, espárragos, queso y pensamientos
Pimientos para asar
Aceite, orégano, tomillo y romero
Ajo y cominos
Pan
Espárragos
Queso (tofu los veganos)
Pensamientos

Elaboración:
Asamos los pimientos a 180° durante una hora aproximadamente (vigilad por si están listos antes), antes de meterlos al horno los habremos espolvoreado con aceite, orégano, tomillo y romero. Cuando estén asados, los sacamos del horno y tapamos la bandeja con papel de aluminio para poder pelarlos mejor, los pelaremos en cuanto estén templados. Los pondremos en el vaso de la batidora junto con unos dientes de ajo (al gusto de cada uno), un poco de aceite de oliva y un poco de comino molido.
En una sartén manchada de aceite saltearemos los espárragos trigueros durante unos minutos, cuando estén listos aprovecharemos la misma sartén para tostar nuestro pan. Para presentar, sobre el pan tostado ponemos una loncha de queso, sobre está un poco del puré de pimientos, encima unos espárragos trigueros y por último unos pétalos de pensamientos.

Dip de pimientos y tofu
Tres pimientos asados
125 gr de tofu (tofu casero)
Unas ramitas de cilantro
Aceite, ajo y comino
Tortillas de trigo

Elaboración:
Ponemos en el vaso de la batidora los pimientos asados, el tofu, las hojas de cilantro, el ajo, el comino molido y un chorrito de aceite de oliva, batimos bien.

En una sartén manchada de aceite ponemos a tostar las tortillas de trigo que habremos cortado en triángulos. Servimos nuestro dip de pimiento y tofu con las tortillas.



fuente : tarjetadembarque


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