El silencio

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El silencio es básico para el equilibrio integral del ser y para su evolución. 
En su sentido más amplio, cultivarlo no implica necesariamente privarse de la palabra, aunque esa práctica pueda incluirse con moderación. 
Con respecto a esto, un filósofo dijo que la abstención de palabras es como la cáscara de un fruto; la cáscara no es el fruto, pero lo protege mientras crece. 
De manera que, para llegar al silencio se requieren ocasiones de recogimiento, de aquietamiento de los sentidos, de ausencia de compromisos externos -ocasiones de unión con el mundo interior, con la esencia de todo y de todos. 
El silencio va actuando dentro de nosotros con su energía poderosa y pacificadora. 
Va retirando velos, va revelándonos cómo no quedar a merced de las influencias externas, cómo reconocer la unidad de la vida. 
Nos acerca a nuestra real expresión y nos lleva a permitir la de nuestros semejantes.

Para todas las personas el silencio es transformador; pero para los buscadores del Espíritu constituye la luz misma del camino.

Trigueirinho

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